Reunión accidental con pretexto al uso para su celebración.
Tardenoche larga de charlas más intrascendentes que interesantes.
Pareja de amigos que deciden contar sus cuitas por separado.
Receptores de la información R. y un servidor.
Llegada a casa y puesta en común de lo acontecido.
Una vez quitada la paja nos quedó el siguiente grano:
Él no recoge absolutamente nada en casa.
Ella se venga dejando los pelos que se quedan en el sumidero de la bañera para que él los acabe quitando por mucho asquito que le dé
Él le hace - a ella - cuadrantes para optimizar sus jornadas de trabajo como ama de casa y equipararlas con las 35 horas que él pasa en su trabajo.
Ella le hace creer que las cumple a rajatabla y aprovecha para escaquearse y fundir la pasta, que él gana, comprando caprichos.
Él le da la mano cuando la rara ocasión se presenta y pasean juntos.
Ella la toma resignada y sufre todo el rato porque en realidad no le apetece tocarlo para nada.
Él mira a las jovencitas en el parque y las radiografía.
Ella mira a los maridos de sus amigas y los idealiza.
Él lleva toda la ropa planchada y limpia.
Ella también, pero además sabe la temperatura para las prendas de lana y por donde se llena la plancha de agua.
Él es un cabrón machista.
Ella es boba.
Él cree que esto es vivir.
Ella sabe que no vive.
Él tiene los días contados.
Ella cuenta los días.
CONCLUSIONES
¿Amor con pistolas? No, gracias.

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